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Archive for 21 enero 2007

Tengo un amigo que habita en del país de los duendes y las hadas. No marcho de allí porque lo persiguieran los malvados  trolls sino para enseñarnos a ser espíritus libres, para devolverme la sonrisa, para que descubriera de nuevo que un hombre puede abrazarme sin ser mi amante.

A veces lo abronco porque no me  llama nunca, ni un maldito mensaje, nada y entonces me demuestra que todo lo suyo es mío: las zapatillas sucias, el roto del pantalón, el hachis, su gorra, la cazuela  a  rebosar de pasta al dente, la litrona, su casa ocupa, las noches sin dormir conociendo gentes que nuestras madres creen que solo existen en las películas que nosotros vemos.

Nos separamos con abrazos y  sin promesas de ambiguos reencuentros. Nos reencontramos en los aeropuertos en ese único segundo que se quedan vacíos para que nosotros nos veamos, cuando la persona que nos ha venido a buscar y sabe el numero y la hora del vuelo no aparece y, nos sorprendemos en los andenes del metro, en las plazas, en los portales…

Ayer mi amigo duende aterrizo en una ciudad fea; ella no sabe que va a comenzar a florecer.

Desde hoy en Sudamérica hay un duende travieso que quiere emular al Che en diarios de motocicleta y estoy convencida que aunque ustedes no  lo crean gastara menos plata que el; no conocen  al duende… se le quiero a pesar de cómo es.

Pace e amore, amico.

 

Lo seguro es poco atractivo,  en el riesgo hay esperanza (Tácito)

 

 

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Reyes Magos

No me gustan los niños  racionales Quiero decir me gustan los niños-niños; no el niño que fui. Nadie tuvo que contarme lo  de los Reyes Magos. Debía tener cuatro o cinco años, aquel invierno fuimos a una tienda de juguetes muy grande, para ayudar a los Reyes Magos con la carta, a mí me gusto una muñeca más alta que yo, me recordaba a Carola la hija de los vecinos, y un osito de peluche. Luego en casa mamá me ayudo a escribir la carta a los Magos. Pusimos muchas cosas pero yo  quería el peluche. Mamá me dijo que no podía pedir la muñeca  que eso era para niñas y que ya había pedido muchas cosas como la cartera, los lápices de colores, los cuentos y que si me traían  el scalextric podía estar muy contento. Yo no sabia  que era eso  del scalextric…

Pusimos el árbol y el nacimiento; al principio sin los tres reyes y sus pajes. Un día mamá los saco de la caja y los colocamos en el belén. Ese día también me prohibió entrar en el comedor. Fue extraño. Nosotros sólo íbamos al comedor  cuando venían  los abuelos o los tíos. Así que  obedecer esto era fácil. Quería que me trajeran la cartera, los cuentos pero  sobretodo la muñeca Carola y el osito. Tenia que ser bueno y obedecer. Cada día acercábamos un poquito a los Reyes Magos de Oriente y su comitiva al portal.

El día que llegaron ante el niño me llevaron a la cabalgata, había mucha gente, luces y caramelos. Muchos caramelos pero no había camellos y Baltasar el rey negro, mi rey, no parecía un negro de verdad. Vimos la cabalgata en la avenida,  frente al portal de tía  Carmela y  comencé a preguntarme como entrarían al ático de mis primos. Tenia tanta curiosidad que lo pregunte en voz alta

-Cariño pues porque son Magos

-Si, si magos pero¿ donde llevan las escaleras? y ¿hay escaleras tan largas?- Me aterraban las alturas

-Carlítos  fíjate Gaspar nos tira caramelos-

A mi, Gaspar me recordó al padre de Carola. Pero esta vez no dije nada y recogí  caramelos.

 

Al llegar a casa, vi la cabalgata de la tele, los reyes  eran diferentes; Baltasar era negro ¿por qué si eran magos no eran los mismos?

Pusimos galletas y  leche en la ventana de la sala y un poco de comida para los camellos

Y a la mañana siguiente bajo el árbol habían dejado mis regalos: lápices, cuentos, un pijama con ositos, el scalextric enorme .Mientras mi padre montaba entusiasmado la pista de scalextric yo jugaba con la caja y pensaba  si tan  magos eran  ¿porque no me habían  traído  la muñeca Carola y el osito?. Yo había sido muy bueno. Por la tarde los abuelos trajeron un paquete que habían dejado los de oriente para mí en su casa. Un osito, no el mío, pero estaba bien. Después de todo un poco magos si que eran.

Di las gracias, pero me quede pensando en lo antojadizos y despistados  que eran los Reyes dejando los regalos.

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Raquel

 

Raquel me dice que cuando no consiga contar algo,  hablar de ello, debo escribirlo; que esta es otra forma de verbalizar todo lo que me pasa. Claro que Raquel también pretende que luego le muestre lo que he escrito. A mí eso no  me parece bien. Escribo cosas que me cuesta confesarme a mi misma. Entonces ella se enoja, es mandona y esta acostumbrada a que le obedezcan. También es sabia, le pierde el mal carácter pero es buena.

Raquel dice muchas cosas. Cosas para provocar, como que ninguna pareja debería hacer planes de futuro hasta después de los mil polvos, si la apuran mil quinientos. Hasta que el  morbo  desaparezca. Yo no  estaba de acuerdo.

Sel y yo llevamos unos trescientos (no los tengo contabilizados pero lo conocí en la fiesta de  la nochevieja pasada). Es el hombre de mi vida, Raquel dijo que bien, que de momento era el hombre del 2006, también le dije que creía que me había enamorado por primera vez en mi vida.

El martes pasado Sel me invito a cenar. Todo era perfecto; restaurante de reserva muy anticipada. Calcule que debió pedir mesa a finales de verano sino es imposible para estos días. La mejor mesa, la que no consiguió su padre el dia que nos invito a almorzar.

Los ocupantes de las otras cuatro mesas solo podían intuirnos, yo veía a la pareja  junto a la fuente y  el  murmullo de las otras conversaciones:  elegantes, educadas, distantes… . Los de la mesa de la fuente no hablaban.

Sel ordeno la comida para los dos. Observe cierta complicidad con el metre (maitre). Todo era perfecto como siempre. D-e-l-i-c-i-o-s-o. Eligieron hasta el vino, con la ilusión que me hace a mi poner en practica el curso de cata que termine en noviembre. Pero todo era tan  perfectamente redondo que no me importo. Solo fallaba el móvil que sonaba cada cinco minutos en la mesa junto a la chimenea y el hombre contestaba como sin tal cosa, sin darse cuenta que interrumpía la paz de los comensales y de que ignoraba a su pareja.

A los postres creo que comenzó a sonar un violín y cuando dejaron el carrito con el café y los licores Sel se puso solemne, hablo de nosotros, de él, de sus planes, de futuro. Así con la coma no de nuestros planes de futuro sino de sus proyectos y de futuro. Y yo sonriendo como una imbecil. Solo acerté a mirar a la pareja de la fuente que continuaba en silencio después de que Sel colocara en el dedo corazón de mi mano izquierda un anillo con un diamante. Creo que mi abuela los llama solitarios. No sabe que yo ahora también tengo uno, No  lo he mostrado. No sé lo he  contado a nadie. A Raquel si. Tampoco sé que dije anoche porque desde el momento que vi el estuche solo pude pensar en la educada y silenciosa pareja de la fuente y que yo no quería ser como ellos. Desde anoche tengo la boca pastosa, amarga y nervios en el estomago. Sel creyó que estaba emocionada. Esta tarde hable con Raquel.

-¿Y?-

-Sel cree que estoy muy emocionada-

-¿Y?-

-No estoy emocionada-

-Eso ya lo sé, pero que vas a hacer-

-Creo que lo voy a dejar-

_¿Hum?…-

He respirado profundamente y mirándola a los ojos

-Lo voy a dejar- y he pensado  que mi madre no  lo va entender, mi abuela se  enojara conmigo.

Entonces  ha sonreído

-Ese pedrusco es una buena recompensa por trescientos  polvos-

 

Raquel es increíble, no se si lo que me  dice es muy ético pero no voy a cambiar de psicóloga. Me hace tanto bien y ahora voy a necesitarla mucho.

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