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Archive for 22 marzo 2007

Ben y Sylvia

Desde hace unas semanas tengo un e-mail en la bandeja esperando que lo abra; el remitente Ben Dana el asunto. Fotos de la boda; no es por pereza ni por desidia que sigue allí pero sé que en cuantito las vea necesitare escribir, contar una historia. No quiero caer en lugares comunes, en lo trivial: chico conoce chica, surge el amor y a pesar de las dificultades terminan juntos. Ben y Sylvia merecen algo más sublime.
Hoy he abierto el mail.
Fue una boda de cuento de hadas en un pueblo que parece un belén; siento, en la distancia, que estuve allí; todos los que los queremos estuvimos.
Ben es un loquito maravilloso. Sylvia una ninya grande: leía poesías para Amelia en aquellos días tan tristes de la Navidad del 2004; aquellos que yo viví lejos (tan cerca del corazón y con un océano separándonos) sentada en un ciber lleno de desconocidos que miraban de reojo como leía y lloraba.
Entonces Ben y Sylvia todavía no sé conocían, habían compartido espacio en tiempos diferentes. Él ya conocía las luces y las sombras de Casa Guatemala y aun así había prometido regresar a finales de enero y ser el profesor de ingles. Sylvia había llegado en Diciembre unos amigos le hablaron de un paraíso habitado por ninyos y voluntarios de diferentes países; le dijeron que durante su visita, mientras los niños nadaban en el muelle de la oficina, sólo pensaban en ella y que en aquel lugar seria muy feliz. Creo que Sylvia fue la primera salvadoreña que vivió en Casa de Voluntarios

Todos hemos tenido mil motivos diferentes para llegar hasta Brisas creo que Ben y Silvia fueron allí para conocerse, no hay mejor escenario para enamorarse.

He compartido unas pocas horas de espacio con ellos, fue en Barcelona, en casa de Rocco estas Navidades. Ben me telefoneo desde el portal porque no conocía a Rocco y le daba un nosequé llamar al portal si yo no estaba en casa. Sylvia esa noche recorrió cien kilómetros para conocerme, cansada, con las manos heridas por el ácido del tinte (trabajaba entonces en una peluquería), muerta de frío y con dolor de muela había leído un correo en el qué le contaba a Ben que me haría feliz conocerla. Amelia le había hablado de mí,… estaba segura que nos íbamos a llevar bien ….que genia es mi ninya-mariposa…
No necesito mas para quererlos
Ben y Sylvia me regalan abrazos colectivos en los andenes del metro

Ben y Sylvia se aman mas allá de fronteras y pasaportes por encima de leyes y tradiciones a pesar de jefes que los quieren explotar, que buscan la ultima gota de sudor se aman con el cuerpo cansado y las manos llagadas… SE AMAN
Desde que soy casi todo el tiempo mariposa me gusta contar estas historias …

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Limpiabotas

Lo más normal que puede suceder en un aeropuerto es que pierdan tus maletas, el vuelo salga con retraso o como me paso a mí el lunes  que llegues a facturar y te digan que tu vuelo ya  no existe. Me recolocaron, haciendo me un favor, en otro vuelo, seis horas mas tarde. Para demostrar lo eficientes que son y lo que lamentaban esta incidencia, que solo sucede, no nos vayamos a olvidar  para que la compañía aerea ahorre unos miles de euros. Me dieron un vale para un sándwich con refresco  en una cafetería, seguro que pertenece a la misma empresa que la compañía aérea. Y  la amable señorita, volvió a disculparse, pensar que lo tuvo que hacer unas cuantas veces mas me pone enfermo.

Pero a  veces los dioses que son juguetones deciden repartir de nuevo las cartas y se ponen de tu parte. Compre recuerdos, nunca lo hago, dulces y ron allí todavía se puede subir líquidos al avión. Leí los periódicos compre un par de libros…y mientras me  comía el triste tentempié  con derecho a café, escuche  mi nombre…

-Fernando-

La conocí  en el primer  viaje al que me arrastro Merche. A mí chica no le gustaba viajar cuando los niños eran pequeños pero un buen dia decidió que ya podían quedarse solos  y nosotros   hacer escapadas más largas. Yo nunca había protestado  esta decisión;  por mi trabajo ya había dado unas quince vueltas al mundo, así que las vacaciones en el chiringuito de la playa en Benidorm eran la mayor de las delicias.

Viajar con Merche también.

Así que la debí conocer hace como cinco años,  en  Estambul, ella viajaba con su novio; Nos hicimos compañeros de viaje. Ella y Merche adoraban las compras y el arte. Ella y yo compartíamos una habilidad especial para conocer gente,  a los tres nos gustaba la diversidad cultural, entendíamos poco porque   estaba allí su novio y, porque estaban juntos, eso lo dijo Merche, siempre presta mas atención a estas cosas. Luego en Madrid  quedamos unas cuantas veces hasta que Merche dijo que se habían separado y  …hasta el lunes en un aeropuerto cualquiera de cualquier país…

-Te veo cambiada…-

-Si todo ha cambiado  bastante-

y comenzó a contar que después de la separación entro en una crisis existencia….cambio de ciudad, …trabajo…amigos…

Esta vez los administradores del aeropuerto jugaron en nuestra contra y anunciaron la primera llamada para su vuelo.

-Vaya no tengo tiempo de contarte todo – pero de repente su cara se ilumino, por encima de mi hombro había visto algo, un limpiabotas, donde estábamos es normal.

Le pidió que le lustrara sus zapatos limpios recordé que en Estambul durante mas de  mediahora anduvimos a toda prisa yo a su izquierda  y a su derecha un limpiabotas. Yo le explicaba que era solo un trabajo como  otro y que ella necesitaba limpiar el polvo blanco que había dejado la excursión en sus botas. El muchacho quería conseguir unas monedas, tal vez para comer aquel día que había sido desapacible y la clientela posiblemente escasa. Y ella repetía que no podía, que no podía soportar que alguien limpiara sus zapatos. Que no podía, que no. Que no, que no podía. No sirvió de nada que le explicara, mientras caminábamos los tres que era  un trabajo digno, su medio de vida que las monedas que le pedía el chaval eran poca cosa para ella.

No podía tolerar que  alguien estuviera de rodillas ante ella   y tampoco las bicitaxi hindus como se llaman rickhajw,  eran superiores a sus  fuerzas. Yo llevaba unas Nike nuevas  y el muchacho no acepto el dinero si no trabajaba. Se alejo mientras comenzaba a llover, realmente el día había sido malo.

Y allí estaba ella sentada con el hombre sentado a sus pies terminando de lustrar sus zapatos.

-Lo ves ya puedo…he madurado- tenia  un brillo húmedo en los ojos

La abrace para despedirme  y le   susurre

-Lo aceptas pero no significa que te guste-

Por megafonía la llamaban para embarcar

 

 

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